El País | 13.02.2017
Melilla es la primera ciudad de acogida española de ‚menas‘, menores extranjeros no acompañados
MAR TOHARIA
Acercarse a la valla fronteriza que, desde 1998, separa a Melilla del vecino Marruecos a lo largo de 12 kilómetros, permite comprender las implicaciones que su presencia tiene para la ciudad. Un muro que ha re-configurado el papel de Marruecos y de España en el escenario internacional y que, como consecuencia, ha cambiado también las formas de vida de parte de la población que habita en sus márgenes, condicionando el imaginario colectivo y las dinámicas urbanas.
La ciudad de Melilla, desde sus orígenes, ha crecido amurallada y de forma desordenada, ocupando espacios entre fuertes y cuarteles, ligada a la idea de defensa. Y en la actualidad, convertida en una de las puertas de la frontera sur de Europa, ha reforzado esta identidad.
